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Memorias en movimiento: diez historias de migración a través de los objetos

¿Qué fue lo primero que pensaste poner en la valija cuando te enteraste de que ibas a emigrar? Esa fue la pregunta que respondieron diez personas migrantes a Aldea Global. Expectativas, convicciones, dolores y hasta mandatos familiares en sus respuestas.

Por Agustina Bordigoni

En su trabajo “De objetos y migraciones: ‘hacer las maletas’”, Natalia Alonso Rey, investigadora de Universitat Rovira i Virgili, afirma que el momento de armar una valija implica aspiraciones, sueños y motivaciones de los proyectos migratorios, y que situarnos en ese preciso momento también nos ayuda a comprender emociones y decisiones trascendentales que se toman en medio de condicionamientos externos: el tamaño de esa maleta y los controles en frontera, por empezar.

Armar las valijas implica seleccionar “entre las cosas, entre recuerdos, entre historias”. En ese momento, destaca, los objetos toman más protagonismo: esas cosas que siempre estuvieron allí de repente se vuelven visibles. “Los objetos tienen un papel central en cómo entendemos el mundo, pero sin que reparemos en ellos”. Invisibles, pero con un rol activo en nuestra manera de vivir.

Elegir qué llevar cuando se inicia una migración, si es que esto es posible, involucra una priorización de objetos, pero también de memorias. “Se trata de un proceso que construye la memoria en movimiento”, resume la autora. Y es una memoria en movimiento, además, porque así como esos objetos son seleccionados para el camino migratorio, también acompañan la vida cotidiana en el país de destino: el objeto permite, de alguna manera, apropiarse de ese nuevo lugar.

En Aldea Global rescatamos diez historias de migración contadas desde los objetos que seleccionaron sus portadores: el porqué ofrece pistas sobre las expectativas de ese viaje, sobre los duelos por lo que quedaba atrás y sobre las nuevas identidades que se forjan en el país de destino.

Elizabeth y Gérard: Entre la fe y las expectativas

Elizabeth no cree en santos, pero de Perú se llevó un San Antonio de Padua que le regaló una prima. El contexto explica su decisión: su familiar estaba enferma y se lo había regalado unos años antes. Jean Gérard Caymitte llegó desde Haití con la esperanza de seguir estudiando y una artesanía local que planea poner en su escritorio.

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Los regalos

Érika lleva su sombrero “vueltiao” a todos lados. Tiene los colores de la bandera de Colombia y un valor sentimental: cuando su amiga se lo regaló le pidió que lo tuviera siempre consigo. Luis migró desde Venezuela para seguir trabajando como médico: un anillo protector que le regalaron sus amigos lo acompaña desde entonces.

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El esfuerzo en la valija

A Johanna le costó meses de sacrificio poder comprarse una cámara fotográfica. Por eso, cuando salió de Bogotá, supo inmediatamente que quería llevarla con ella. Tamer logró recuperar algunos libros que le robaron en un asalto en 2014. Los trajo desde Siria para su biblioteca en Argentina.

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La vida en una foto

Kerlyn recuerda especialmente una foto que su familia se sacó en San Valentín. Fue durante su infancia y la de sus hermanos, cuando los tiempos permitían más momentos compartidos. Por eso, no dudó en elegir traer esa foto para que lo acompañara desde República Dominicana. Zunilda priorizó los títulos universitarios, pero logró rescatar una: la que se tomó junto a sus hijas antes de salir de Venezuela en 2016.

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Las identidades que sí caben en una valija

Johanmariel agarró las monedas de la colección y las metió en una pequeña cartera, que era de su mamá. Para ella, son parte de la historia y de la identidad de la Venezuela que dejó. Maher no dudó un minuto y empacó el buzuq, un instrumento característico de Siria con el que pretendía seguir su carrera en la música.

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