“Cuando supe que iba a emigrar el primer objeto que quería empacar –y de hecho empaqué–, fue mi cámara fotográfica. No sé si porque era mi objeto más nuevo o era mi sueño haberme formado como fotógrafa”, cuenta Johanna Rivero, que llegó desde Bogotá a Olavarría, Argentina, el 20 de enero de 2017. “Era mi primera cámara y, de hecho, aún la tengo”.
“Nací en Barranquilla a orillas del Mar Caribe y crecí en Bogotá, la capital. Me considero una inmigrante desde siempre, porque pasé de vivir en mi ciudad natal a vivir en una ciudad un poco más chica y luego pasé a la capital. Pero mis años de adolescencia, a partir de los once años en adelante, fueron en Bogotá, rodeada de montañas y sin mar”, cuenta. “Me la he pasado de un lado al otro. Y bueno, ahora estoy aquí en Argentina”. Johanna está finalizando el cuarto año de la carrera de periodismo y es comunicadora gráfica y fotógrafa, egresada en Colombia.
La cámara no solamente representaba las expectativas de continuar en Olavarría con su trabajo como fotógrafa, sino también con lo que le había costado poder tenerla. “La conseguí a base de esfuerzo, ¿sabes? Trabajaba mucho, teníamos en mi familia una florería, pero yo la administraba. Y yo trabajaba mucho, mucho, mucho, mucho”, enfatiza. “Ahorrábamos, cubría mis cosas y todo eso, pero apenas pude decir: ‘Bueno, me meto en esta deuda y la compro’, lo hice”. Pagó su cámara en cuotas –de trabajo y de dinero–. “Busqué lo mejor que podía comprar en ese momento, lo que mi sueño me permitía en ese momento adquirir”.
“Si bien no es la cámara más cara del mundo es la mejor para mí, porque la conseguí con muchísimo esfuerzo, con muchísimas horas de trabajo, con manos peladas de limpiar flores, con noches sin dormir, de saber que me tenía que levantar a las dos o tres de la mañana porque tenía que ir al mercado de las flores. Todo eso a mí me hace querer y amar mucho mi a cámara”.
Si hay algo que lamente es no haber traído más ropa de abrigo. “Hoy, ya viéndome aquí en Argentina, creo que hubiera elegido lo mismo, hubiera elegido ese objeto porque representa algo de lo que soy”.

Tamer Bajjour también llegó a San Luis en 2017 desde Homs, Siria, con lo que logró rescatar de una biblioteca que le habían robado y lo que quedó de ella. “Yo tenía una biblioteca chiquita que se robaron durante un incidente en 2014. Pero había como un grupo de libros separados que pude salvar y otros que logré comprar después”, cuenta.
“Entre 2014 y 2017 pude comprar unos libros y los traje para acá. Traje algunos de los que más me gustan”.
Si piensa en lo que le hubiera gustado traer y no pudo recuerda una colección de monedas. “Era una buena colección, con monedas de distintos años y países. No sé por qué la dejé en Siria, no me acuerdo bien”. La colección comenzó con monedas que le habían regalado sus abuelos. “Pero me siento bien con las cosas que traje, salvo que quería la colección”.





En la biblioteca de Tamer se destacan libros en idioma árabe, como Rebelión en la granja, de George Orwell, y El príncipe, de Nicolás Maquiavelo. De fondo se alcanzan a distinguir otros ejemplares: “Yo soy el Diego”, de Diego Armando Maradona, y parte de la colección “Grandes protagonistas de la Historia Argentina”.