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La vida en una foto

Kerlyn recuerda especialmente una foto que su familia se sacó en San Valentín. Fue durante su infancia y la de sus hermanos, cuando los tiempos permitían más momentos compartidos. Por eso, no dudó e elegir traer esa foto para que lo acompañara desde República Dominicana. Zunilda priorizó los títulos universitarios, pero logró traerse una: la que se tomó junto a sus hijas antes de salir de Venezuela en 2016.

“En el momento que supe que iba a emigrar, inmediatamente tomé una foto de mi familia, con mis hermanos y mis padres. Aunque en ese tiempo se podía tener en el celular, era diferente: por el contexto en el que se tomó esa foto, que era un momento de alegría”, afirma sin dudarlo Fran Kerlyn De La Cruz, que llegó a la Argentina desde Santo Domingo, República Dominicana, en 2010. La foto, que fue tomada un 14 de febrero, “representaba lo que yo estaba dejando, a pesar de que no se corrompe el cariño y el amor, era algo de lo que me estaba alejando en ese momento”.

Esa foto no era actual. “Mis hermanos estaban pequeños, mis padres un poquito más jóvenes. Estábamos en una dinámica muy unida”. A medida que fue evolucionando la vida cada uno tomó su camino y la familia ya no era esa foto, cuenta. En definitiva, esa imagen inmortalizada representa no solamente aquello que estaba dejando en República Dominicana, sino también una etapa de la vida que había quedado atrás cuando todavía estaba allí.

Si tuviera que volver a elegir, por lo que representa, elegiría la misma foto. “Pero le agregaría a la valija un cuaderno en el que escribía ciertas cosas: canciones, pensamientos, reflexiones”. Ese cuaderno se perdió. “Me hubiese gustado, de vez en cuando, poder leer y verme en esos años. Cómo pensaba, cómo era mi visión de la vida”.

“Yo comencé a organizar cada detalle consciente de que se acercaba la despedida. Empacar 46 años de mi vida en una maleta de 23 kilos fue un gran reto”, cuenta Zunilda Valencia, que viajó a la Argentina en 2016. “Me desvelaba por las noches porque cada objeto tenía un peso emocional del que, muy en el fondo, yo no me quería desprender”.

Decidió traer una de las fotos con sus hijas y priorizó lo que pensó que más necesitaría para empezar una nueva vida en Argentina: los títulos y la documentación que acreditaban su carrera como docente. “En 2016 mis tres hijas se quedaron en Venezuela y yo viajé con el corazón dividido. En 2018, con el reencuentro, nos volvimos a elegir como familia”.

Para Zunilda lo que dejó atrás “fue lo más difícil de soltar”. Pero rescata que migrar le permitió “resignificar” sus elecciones, “y pensar incluso en cómo quiero ser recordada cuando otros narren mi historia”.