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El aporte de médicos migrantes al sistema de salud argentino (Parte 1): “La vida te da, te quita y te pone donde debes estar”

Wilmer Bracho llegó a la Argentina en 2016, pero no fue hasta 2018 que pudo volver a ejercer como médico. Para conseguir el primer empleo estable, incluso, tuvo que borrar de su currículum su historial. Te invitamos a conocer esta primera entrega de nuestra serie sobre el aporte de los médicos migrantes al sistema de salud argentino.

Por Agustina Bordigoni

“¿Qué fue lo más difícil que te tocó como emigrante?”, cuenta que un día le preguntaron a él, Wilmer Segundo Bracho, un médico venezolano que llegó a la Argentina en 2016. La respuesta que dio en ese momento es la misma que compartió con Aldea Global: para conseguir trabajo en una farmacia y que no lo consideraran sobrecalificado para el puesto, tuvo que borrar de su currículum la profesión de la que había trabajado durante más de 20 años en su país natal. País al que volvió, recientemente, como parte de una misión para asistir a las víctimas del terremoto.

Wilmer Bracho en La Guaira, Venezuela, como parte de la misión humanitaria enviada por Argentina en julio de 2026.  

Antes de buscar trabajo en una farmacia se desempeñó como acompañante, chofer y cocinero de un argentino al que había conocido en Venezuela. Bracho era médico de su equipo de fútbol. “Él empezó con un cuadro de Parkinson severo, precoz, a los 60 y tantos años, y tuvo un declive de su estado de salud. Cuando yo llegué me ofreció, como a manera de ayuda, que lo acompañe, que lo cuide, porque ya estaba en una silla de ruedas. Ese fue mi primer ingreso acá”.

Mientras esperaba la validación de sus títulos (un proceso que puede llevar meses e incluso años), Bracho decidió buscar trabajo en una farmacia: se anotó en un curso rápido para tener la certificación. “Yo iba a las clases en mi bicicleta, de noche”. Empezó a buscar trabajo, pero no lo tomaban, hasta que un día alguien le sugirió que borrara de su historial que era médico, para evitar que el rechazo se debiera a que lo consideraran sobrecalificado para el puesto. “Yo dije: ‘¿Qué me están diciendo? Yo puedo ser chofer, puedo andar en bicicleta repartiendo cosas, pero sigo siendo médico”. El médico, agrega, “no sabe otra cosa que ser médico”.

Pero luego comprendió que en Argentina era “un emigrante más”. Y entonces decidió dar ese paso: “El día que yo borré de mi currículum que era médico” –relata Bracho haciendo el gesto de goma de borrar y con la voz un poco entrecortada al recordarlo–, “ese día lloré”. “Es muy duro admitir que eso no te sirve de nada. Ahí es donde uno se dice a sí mismo: ‘No somos nadie’”. Ese fue, sin dudas para él, el momento más duro de su migración. “Eso te despersonaliza, te desrealiza, te desestructura, te vacía”.

Con el tiempo las cosas se acomodaron, y en 2018 fue convocado junto a otros más de 40 médicos migrantes para trabajar en una misión en Jujuy. “A nosotros nos mandaron para los sitios más remotos, alejados, que era lo que más se necesitaba”.

La Organización Internacional para las migraciones documentó casos como el suyo y concluyó que ya para 2019 “cientos de médicos, enfermeros, bioquímicos, kinesiólogos y otros profesionales habían logrado incorporarse al sistema público para cubrir la demanda insatisfecha de puestos”. Algunos gobiernos locales (como el de Jujuy, pero también los de Tierra del Fuego y Chubut) impulsaron programas para ocupar lugares que durante años quedaban vacantes.

Ante la necesidad del sistema público de profesionales en zonas de difícil acceso o baja densidad de médicos locales, explica la OIM, “las provincias y municipios se beneficiaron especialmente de esta migración”. Para los profesionales fue como “volver a graduarse”, comenta Bracho.

Bracho estuvo, según cuenta, entre los primeros médicos convalidados para esa misión en el norte argentino. Pero había muchos que no lo lograban fácilmente, por eso también se convirtió en uno de los fundadores de Asomevenar, la Asociación de Médicos Venezolanos en Argentina, que ya logró ayudar, estima, a más de 3.000 profesionales a validar sus títulos en el país.

De alguna manera usted borró de su CV que era médico y ayudó a muchos otros profesionales a reescribirlo…

“En el camino me tocó encontrarme con gente que la pasó mucho peor. Gente a la que le tocó, siendo médicos, trabajar en casas particulares y aceptar el trabajo que aquí llaman ‘cama adentro’ para poder pagarse una habitación y comer”, responde Bracho, que reflexiona sobre su migración, pero también sobre una identidad que lo descubrió siendo más que un médico.

Y así como recuerda el día más triste también los tiempos de mucha felicidad: el primer trabajo y la habilitación para volver a ser un poco el que era.

“La vida te da, te quita y te pone donde debes estar”.

Wilmer recién llegado a Buenos Aires (2016).