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Most: un puente entre Eslovenia y San Luis

La Asociación de Eslovenos en San Luis se creó hace apenas tres años, pero la historia de la comunidad es mucho más antigua: comenzó en el barco Santa Cruz, que partió desde Italia en 1948.

Agustina Bordigoni

Juan Pekolj y Majda Havelka llegaron a la Argentina escapando de Eslovenia en 1948. Ambos viajaron en el barco Santa Cruz y estuvieron al mismo tiempo en el Hotel de los Inmigrantes de Buenos Aires, hoy convertido en museo. Pero fue en San Luis, provincia a la que se trasladaron por motivos diferentes en abril de ese mismo año, que se conocieron y se casaron. Su hija, Majda Pekolj, es la fundadora de la Asociación de Eslovenos de la provincia. “El barco Santa Cruz era de bandera panameña. En ese momento salían en lo que había disponible, ni siquiera sabían a qué lugar iban”, explica Majda. Pero aclara que encontraron un país con los brazos abiertos al que siempre le estuvieron agradecidos: “Argentina recibió familias enteras, pero había otros países que solamente admitían a hombres como mano de obra”.

Durante nuestra conversación Majda reconstruye la historia familiar y la de la asociación (“Most”, que en español significa puente): su mamá viajó con sus padres y sus cuatro hermanos después de pasar tres años en un campamento de personas refugiadas en Italia, en el que nació una de sus hermanas y del que logró traer apenas unos zapatos y una muñeca. Su papá era seminarista. “Él no tenía vocación para sacerdote, pero estaba la costumbre de que en cada familia con muchos hijos uno tenía que ser sacerdote y, por decisión de su madre, le tocó a mi papá”.

Uno de los momentos más duros que le tocó vivir fue durante el tiempo en el que permaneció prisionero en castillo de Turjak, del que finalmente logró escapar. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, el castillo fue tomado por los partisanos yugoslavos, que capturaron a cientos de anticomunistas eslovenos y seminaristas, entre los que se encontraba Juan.

Según Svobodna Slovenija, periódico de la comunidad eslovena en Argentina, el mayor grupo de refugiados eslovenos llegó al país desde Italia en el barco Santa Cruz, que zarpó del puerto de Nápoles el 7 de marzo de 1948. “En este barco llegaron a la Argentina 517 eslovenos. Viajaron los restantes seminaristas eslovenos en Italia, junto con sus profesores. El grupo esloveno se destacaba entre los demás en el Hotel de los Inmigrantes. Cumplidas todas las formalidades necesarias en el Hotel, nuestra gente inmediatamente comenzó a buscar empleo. Los primeros en dejar el Hotel fueron los seminaristas, que viajaron a San Luis. Tres estudiantes ingresaron a primer año del seminario. Los demás inmigrantes eslovenos buscaron trabajo según su especialidad”.

Juan Pekolj sabía hablar en latín y al poco tiempo se convirtió en el secretario del obispo puntano, monseñor Emilio Di Pasquo. Luego aprovechó sus conocimientos para dictar clases en distintas escuelas. “Antes de la llegada de las familias de inmigrantes, la Comisión de la Asociación de eslovenos se dirigió con sus pedidos a todos los amigos y conocidos en el interior del país, solicitando que averiguaran en todas partes dónde podían ir las familias eslovenas para las que no se consiguiera habitación en la Capital, al menos por un tiempo. El mismo pedido fue dirigido al Sr. Košiček, que en ese momento se disponía a partir a su nuevo lugar de trabajo en San Luis. Y fue él quien logró que el obispo de San Luis, Dr. Di Pasquo, se interesara por este candente problema y pusiera a disposición de las familias eslovenas la gran casa donde antes vivían los seminaristas. De esta manera la Asociación de Eslovenos pudo enviar a San Luis a 12 familias con 57 miembros en total”, explicaba el periódico esloveno citado.

En San Luis las familias “hicieron lo que podían hacer, venían con las manos listas para trabajar”, explica Majda. “Mi papá daba clases y mis abuelos tenían una santería, la Santería Puntana, en Rivadavia y Ayacucho”.

La municipalidad de San Luis aceptó el pedido de familias eslovenas de llamar al pasaje en el que vivían como Eslovenia.

Su mamá nunca quiso volver a Eslovenia, “decía que prefería quedarse con el recuerdo de la Eslovenia que dejó”, cuenta Majda. Sin embargo, nunca estuvo lejos: conservaron todas las tradiciones que fue posible mantener a la distancia y en la casa solo se hablaba en esloveno. Una costumbre que Majda continuó en su hogar y que, asegura, fue muy útil: hoy dos de sus hijos viven en Eslovenia.

Allí y en Argentina sus hijas construyeron puentes: en Eslovenia una de ellas tiene un local dedicado a la venta de mate y todo lo necesario para prepararlo, y en San Luis otra inauguró hace unos años un espacio de pastelería típica eslovena en el que, una vez por mes, organizan tardes de té para explicar el origen de los platos y difundir la cultura.

Al principio una asociación –que finalmente fue creada hace apenas tres años– no se vio como una condición para instalarse en San Luis. “Nos relacionábamos como una gran familia”, dice Majda. Pero llegó un momento en el que la historia del barco Santa Cruz había quedado lejos, y resultaba necesario no perderla para poder transmitirla a todo el resto: a los descendientes más chicos, pero también a una sociedad entera a la que las familias eslovenas no dejan de agradecer.