Agustina Bordigoni
“No aspiro a que me sigan más personas de las que sigo, no es ni será jamás mi meta. No entiendo ni pertenezco al mundo virtual y posiblemente nunca comprenda a quienes piensan que la vida es eso: que realmente hablan con alguien, que alguien está del otro lado para escuchar (y no para lucirse), que algo podría cambiar con una opinión y posteos, que nada de eso es efímero. La gente que está cambiando el mundo (y la que mejor me cae) no tiene o casi no usa sus redes sociales, vive en mundos pequeños, mundos de verdad. El virtual no tiene ojos, no tiene voz (aunque hable con verborragia), no es capaz de oír. No tiene viento, no tiene pájaros, no tiene mascotas, no tiene hijos, no tiene amigos. Me atrevería a decir que tampoco personas.
Como Jean Baptiste Grenouille en El perfume (un personaje que carece de aroma propio, pero que posee un sentido muy desarrollado del olfato) en las redes sociales virtuales las personas muestran todo lo que quisieran ser y no son, pero terminan admitiendo su verdadera esencia. Una esencia violenta o dependiente de la mirada ajena. A veces ambas”.
Encerrada en su habitación, sin teléfono, ventana abierta de par en par vista a las sierras y al árbol más cercano, Camila termina de escribir su descargo en las páginas matinales y piensa en el mundo ideal. Descubre que ese mundo no es un lugar, pero que a la vez es el lugar que la rodea. El que estuvo y estará ahí antes y después de ella, al que se va adaptando y del que va aprendiendo el idioma (o, lo que es más amplio, la forma de comunicarse allí). Desde esa perspectiva ve y escucha a los pájaros, escucha y contempla el silencio.
Se dice la verdad: lleva un tiempo escapando de sus pensamientos. Es una verdad que se puede decir solamente si el ruido y la distracción no son lo suficientemente importantes como para bloquear el mundo interno, el auténtico. Últimamente eligió escapar de los intrusivos, de los derrotistas, de los que no la dejan pensar, de los que la tiran para abajo. De a poco se vuelve a encontrar con aquella entusiasta que siempre fue y que en el fondo nunca dejó de ser. Y cada vez presta menos atención a las pantallas y a las opiniones del resto para concentrarse en el planeta real. En su lugar de amor, de pertenencia.
“El sentimiento de pertenencia a un lugar viene de la mano del reconocimiento que sentimos de parte de quienes nos rodean”, alcanza a leer en las primeras páginas del libro que está en la mesa de luz, con olor a nuevo. ¿Cómo alguien podría pertenecer a un teléfono, a una computadora? Porque –léase con atención– casi nunca es al revés.
“Le départ et l’amour” fue una instalación artística desarrollada como tesis de grado, cuyo proceso se basó en testimonios de mujeres migrantes que emprendieron su viaje por amor.
“Al recorrer el espacio el espectador será invitado a sumergirse en el mundo de estas mujeres para quienes el viaje es parte integral de sus vidas. Han viajado por amor a una persona al principio, y hoy lo siguen haciendo por amor a todo lo demás”, cuenta su autora, Andrea Florencia Cámpora.
Para su muestra se propuso construir entre 150 y 200 aviones de papel. “Si prestamos atención al diseño de los aviones podemos observar que en uno de sus extremos se contrapone en cierta forma un segundo par de alas que parece volar en sentido inverso. Dicha característica representa un guiño a la situación de estas migrantes que por un lado han decidido partir de su tierra de origen para instalarse en el extranjero junto a sus parejas, y al mismo tiempo continúan guardando un fuerte vínculo con sus países natales (y regresan a ellos, con mayor o menor frecuencia, en función de sus posibilidades). El transfer que realizaré sobre las alas de los aviones mostrará una selección de frases y palabras que surgen de las entrevistas que he mantenido con las participantes del proyecto, de mis notas personales y de reflexiones producto del análisis del material y del enriquecimiento del mismo gracias a diferentes textos. Asimismo, algunos aviones contarán con un elemento visual suplementario, que establecerá una relación complementaria con las frases de sus alas: fotografías que tomé en el momento de entrevistar a cada una de las participantes y que posteriormente intervine digitalmente. El audio presente en la instalación está constituido por las voces de Mara (Italia), Claudia (Brasil), Soledad (Argentina), Vanesa (España), Katrine (Noruega), Eleonora (Argentina), María Julia (Argentina). Los aviones suspendidos en el espacio, en un instante eterno, capturan las palabras y los seres de estas mujeres, sus confesiones”.
Cámpora recalca que, lejos de ser la sombra de la persona que han elegido tener a su lado, estas mujeres son espíritus valientes “que toman el riesgo de dejar atrás todo lo que siempre han conocido”.
Camila lee atentamente esas historias y comienza el armado de su propio avión.
Piensa, mientras tanto, que a veces para amar también hay que partir de algún lugar al que no se pertenezca.
*Foto de portada: Andrey Larin. Wikimedia Commons