Aldea Global
Albert Einstein, Freddie Mercury, Isabel Allende, Sigmund Freud y Hannah Arendt tuvieron algo en común: todos ellos fueron –en algún momento– refugiados. Sin embargo, pocos los recordarán por su nacionalidad y muchos de nosotros por su aporte a la historia, la ciencia, el arte y la literatura. Fueron sin duda brillantes en sus campos, celebridades al fin.
Aportes en el mundo de la ciencia
De todos los científicos tuvieron que huir de la Alemania nazi, Albert Einstein es el que primero aparece cuando buscamos historias de personas refugiadas que no se destacaron por eso, sino por su aporte en diferentes campos. El autor de la teoría de la relatividad y creador de la física moderna debió escapar tras la incorporación de su nombre entre los autores prohibidos por de Adolf Hitler.
El premio Nobel de Física tuvo la suerte que miles no tienen hoy: fue acogido en los Estados Unidos, desde donde continuó con sus investigaciones, cambió la forma de mirar el universo y revolucionó el mundo de la ciencia. No es casualidad que después de eso sean las universidades de ese país las que tengan uno de los mayores niveles de desarrollo científico y tecnológico.
Otro Premio Nobel que debió refugiarse durante la Segunda Guerra Mundial fue Severo Ochoa, un científico español que tuvo que emigrar hacia EE.UU. en 1941. Desde ese país continuaría con sus estudios y conseguiría por primera vez la síntesis del ARN (ácido ribonucleico) en laboratorio, descubrimiento por el que fue premiado en 1959. El galardón fue compartido con su discípulo Arthur Kornberg, quien por supuesto era de nacionalidad estadounidense.
Las pastillas anticonceptivas también le deben su origen a un refugiado. Se trata de Carl Djerassi, un científico que tuvo que escapar tras la anexión de Austria por la Alemania nazi. El joven de 16 años consiguió una beca y comenzó sus estudios en los Estados Unidos. Allí patentó un compuesto que se convertiría en el primer antihistamínico comercial.
Proveniente de Austria también fue el neurólogo Sigmund Freud, que llegó a Reino Unido escapando del nazismo en 1938. El padre del psicoanálisis fue en ese entonces un refugiado, aunque murió al año siguiente de huir.
El mundo de la filosofía, las letras y las artes
La filosofía y las letras han tenido también un gran número de refugiados. Entre ellas se encuentra la alemana Hannah Arendt. Arrestada por la Gestapo, logró escapar rumbo a París. Debió huir nuevamente hacia los Estados Unidos en 1941, país del que se convirtió en ciudadana diez años después. Fue allí en donde escribió dos de sus obras más conocidas: “Los orígenes del totalitarismo” y “Eichmann en Jerusalén”, en donde analizaba las características de los regímenes totalitarios y desarrollaba el concepto de “banalidad del mal”, por el que afirmaba que cualquier persona en su sano juicio es capaz de cometer los peores crímenes cuando se encuentra dentro de un régimen tiránico.
Podríamos decir que fue incluida en esta nota a pesar de su voluntad: “No nos gusta que nos llamen refugiados. Nosotros mismos nos llamamos unos a otros ´recién llegados’ o ‘inmigrantes’”, escribió en 1943. Pero el concepto aquí no se usa como categoría, se usa como punto de partida de una historia mucho más compleja.
Sus reflexiones tuvieron que ver con muchas historias, y sobre todo con la Argentina: Eichmann fue un criminal de guerra alemán que logró escapar hacia nuestro país, capturado en 1961 y juzgado en Jerusalén.
En el mundo estrictamente literario Isabel Allende (sobrina del presidente derrocado por la dictadura de Pinochet) y el Nobel Joseph Brodsky (que huyó de la URSS) se sumaron a la larga lista de talentos que debieron dejar sus países de origen.
Compositores, músicos, actores y cineastas crearon arte universal. Muchos de ellos también fueron perseguidos y se vieron obligados a emigrar.
Es el caso de Farrokh Bulsara (conocido como Freddie Mercury), cantante de Queen. Freddie nació en la isla Zanzíbar (Tanzania) de la que él y su familia debieron huir rumbo a Reino Unido a causa de la revolución de 1964, que derrocó a la elite gobernante y en la que miles de árabes e indios murieron (se calcula que fueron al menos 17.000). Fue en Londres donde comenzó sus estudios en la Escuela de Arte Ealing y el lugar en que conocería a los compañeros de su futura banda. Queen no habría sido Queen si él y su familia no hubieran encontrado refugio.
El deporte y la innovación como refugio
La familia de Giannis Antetokounmpo huyó de la violenta Nigeria en 1991 rumbo a Grecia, en donde vivieron por varios años. Sin la documentación necesaria para residir en el país europeo y ante el constante temor de ser deportados, Giannis y sus hermanos se convirtieron en vendedores ambulantes, ganando (a veces) lo necesario para comer.
La vida de Giannis cambió por completo en 2007 cuando comenzó su carrera en el básquet, descubierto casi por casualidad. Hoy es estrella de la NBA.
El deportista conocido como “The Greek Freak” fue también un refugiado sin papeles, aunque poco importe a estas alturas su nacionalidad para los amantes del deporte.
Igual de comprometidos con sus disciplinas se mostraron los miembros del equipo Olímpico de refugiados que compitió por primera vez en Río 2016. Deportistas de Siria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Etiopía, entre otros, continúan haciendo un gran aporte pero no abandonan el sueño de representar a su país.
Hay inventos que sí representan a una nación pero que no hubieran sido posibles sin la migración: Sergey Brin, cofundador de Google, tenía seis años cuando huyó de la Unión Soviética. En 1979 el niño no sabía que se convertiría en creador de una de las empresas de internet más importantes del mundo.
Una imagen reciente tal vez resumió lo que significan los refugiados para el mundo, y para la sociedad: fue en la obra del artista británico Banksy en un campo francés. Allí se podía observar a Steve Jobs (uno de los fundadores de Apple) como un refugiado más y con sus pertenencias a cuestas: en efecto, el empresario es hijo de un inmigrante sirio.
Si con estos ejemplos no basta, imaginemos el mundo sin algunos de estos personajes célebres de la historia y la humanidad.
Foto de portada: Hannah Arendt en 1924 Wikimedia