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Cuentos que acompañan: una red para nutrir el corazón de la infancia afectada por los terremotos en Venezuela

Nutricionistas Venezolanos en Argentina crearon y compaginaron historias que buscan aliviar el dolor de los niños y niñas que atraviesan momentos de incertidumbre, dolor y tristeza. Están disponibles para su descarga gratuita.

Por Agustina Bordigoni

“Había días en los que extrañaba momentos y cosas. Mi almohada. Mi juguete favorito. El rincón donde me gustaba jugar. Cuando lo contaba nadie intentaba convencerme de dejar de extrañar. Solo se sentaban a mi lado a escucharme. Y eso ayudaba muchísimo”.

El fragmento corresponde a uno de los textos que se pueden descargar gratuitamente como parte de la iniciativa “Cuentos que acompañan”, que busca hacer llegar a niños y niñas afectados por los terremotos en Venezuela historias que puedan aliviar su dolor. Fue pensada por Gabriela Parra Ruggero, presidenta de Nutrivenar (Nutricionistas Venezolanos en Argentina) que llegó a Buenos Aires hace diez años y que vivió, como muchos venezolanos, los hechos ocurridos en su país de origen con preocupación y con una necesidad profunda de estar allí. Al menos a través de sus acciones. La idea llegó mientras observaba a su hijo en la plaza: “Lo veía jugar, sonreír, estar seguro, mientras pensaba en tantos niños en Venezuela que estaban viviendo una realidad completamente distinta”, cuenta a Aldea Global. Como en el texto citado más arriba, ella había entendido la importancia de que esos niños encontraran oídos dispuestos a escucharlos. Pero para ser escuchados primero tenían que expresarse en un ambiente propicio, y para que eso sucediera la literatura podía ser una buena aliada. Fue su propia historia la que la inspiró: “a mí siempre me gustaron mucho los cuentos. Tenía un libro que se llamaba 365 cuentos para 365 noches. Mi mamá me leía todas las noches un cuento, una historia, algo. Los libros siempre me acompañaron. Entonces me parece que cuando uno está en situaciones difíciles o situaciones límite, la lectura te brinda mucha calma, te ayuda a volver a tu eje”.

En un link disponible para todo aquel que lo tenga se pueden encontrar dos ediciones de cuentos destinados a acompañar a niños y niñas que están en refugios o que fueron testigos de lo ocurrido. Los primeros fueron una recopilación de historias que Gabriela encontró publicadas en redes sociales: contactó a los autores, les pidió autorización y la consiguió. En la segunda edición cuenta con escritos específicos para esta red y este momento, aunque no necesariamente se refieran a los terremotos. Los autores son profesionales: “principalmente psicólogos, pero también hay fonoaudiólogos, terapeutas ocupacionales, nutricionistas, odontopediatras y docentes”, explica Gabriela. Los participantes tienen distintas nacionalidades y pueden estar en cualquier lugar de mundo.

“Tenemos unos lineamientos en el caso de que la persona interesada quiera desarrollar un cuento desde cero. Lo que buscamos es que sea respetuoso con la infancia en este momento sensible”. Para eso los aportes son revisados por una psicóloga que forma parte del equipo. Con Gabriela son seis en total. La convocatoria está abierta a escritores o personas que tengan experiencia con la infancia. También a voluntarios en Venezuela que puedan imprimir estos cuentos para zonas en las que no hay internet o dispositivos para leerlos, y a diseñadores gráficos que aporten para ilustrar en el caso de ser necesario.

“Tenemos previsto un formato impreso. Ya tenemos una primera tanda de cuentos impresos. Lo adaptamos en forma de pequeños libros que se imprimen en una hoja”.

Algo tan sencillo como un cuento impreso en una hoja puede volverse determinante. “Recibimos el testimonio de unos nenes que le pedían a la a la tía que les mostrara más, se enloquecieron por los cuentos. Y también el de una niña que angustiada decía que, por los nervios, le iba a dar algo en el corazón”. No fue hasta que esa pequeña de seis años leyó una de esas historias que se animó a hablar. Su tía, que vive en la Argentina, se los envió. “Entonces le empezó a contar lo que pasó y a preguntarle por las personas que veía por la ventana y estaban acampando cerca de su casa”.

Gabriela se especializó en nutrición integrativa. “Tengo una mirada muy emocional de todo, y trato de integrar eso siempre a la nutrición”.

Y para que las historias nutran, acompañen y cumplan su cometido hacen falta voces adultas menos dispuestas a imponerse y más disponibles para escuchar.

Link de descarga:

Red de Cuentos de Acompañan – Google Drive