Por Agustina Bordigoni
“La democracia también se construye desde la diáspora”, afirma Camila Meléndez, del colectivo colombiano Macondo, en La Plata, Argentina. Con esa clara convicción organizaron la primera “caravana por la vida”, un viaje en colectivo (o bus, como le llaman), para participar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia.
En total, más de 1,4 millones de colombianos están habilitados para votar en el exterior. Pero no todos pueden: en Argentina los lugares designados están en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.
“Como colectivo migrante creemos que participar en estas elecciones es profundamente importante. Aunque vivamos fuera de Colombia, seguimos vinculados a nuestro país, a nuestras familias, a nuestros territorios y a las decisiones que allí se toman”, explica Camila.
Sobre este proceso en particular –que continuará entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda el 21 de junio– afirma que “estas elecciones representan mucho más que la elección de un presidente. Son una oportunidad para decidir qué país queremos construir y cuáles son los valores que queremos que orienten nuestro futuro. Creemos que hoy Colombia se encuentra ante proyectos de país muy distintos, y por eso consideramos fundamental que cada colombiano y colombiana ejerza su derecho al voto de manera consciente e informada”.

La primera “Caravana por la vida”, como la llamaron, salió de La Plata en bus. La idea, cuenta, surgió en una charla en la que conversaban precisamente de eso: de la importancia de la participación ciudadana y en las dificultades que tienen muchas personas para poder costear un viaje que les permita ejercer ese derecho. “En esa charla apareció la idea de organizar un colectivo para que más colombianos y colombianas pudieran ejercer su derecho al voto. Casi al mismo tiempo nos contactaron los compañeros y compañeras de Minga (otra organización colombiana), y ahí dijimos: ‘¿por qué no unir fuerzas y autogestionarlo entre todos? Así fue como empezó a tomar forma la iniciativa’”.
El viaje fue autogestionado, pero en comunidad. “Lo hicimos con mucho trabajo voluntario y con el acompañamiento de amigos y organizaciones que siempre están presentes, como el Centro Cultural Macacha Güemes, que nos prestó el espacio para reunirnos y desde donde salió la caravana. También mucha gente de la comunidad colombiana se acercó a colaborar y a preguntar cómo podía ayudar”.
Cuando comparten el video de ese primer traslado el clima es de celebración. No se trata solamente de organizarse para manifestar el apoyo por algún candidato: “La llamamos ‘Caravana por la Vida’ porque creemos en la vida, en el encuentro, en la solidaridad y en la posibilidad de construir comunidad. Queríamos que fuera más que un viaje para votar: una experiencia de juntanza, de acompañarnos entre colombianos y colombianas en la diáspora. Un poco como esos paseos de olla de los domingos en Colombia, pero esta vez para ejercer nuestro derecho democrático”.
Los paseos de olla, comenta, “son viajes familiares, usualmente de ir y volver en el mismo día (un domingo)”, y que son costumbre en Colombia. “En la zona andina se viaja a lugares donde no haga tanto frío y en la costa se viaja a donde haya agua. Lo más común en ambos casos es ir al río”. El nombre es literal: al paseo se lleva una olla enorme y los ingredientes para cocinar sancocho (un plato típico similar al puchero argentino) para todos. Su organización suele coincidir con un día festivo.
“Desde Macondo apostamos por la vida, por la paz, por la cultura, por la educación, por los derechos humanos y por la construcción de una sociedad más justa e incluyente. Son principios que también guían nuestro trabajo comunitario y nuestra forma de habitar la migración”, explica Camila.
Y votar es una forma de seguir siendo parte de Colombia, “de aportar al futuro que soñamos para las próximas generaciones”.
“Creemos que Colombia necesita seguir avanzando en los procesos de transformación social, ampliación de derechos, construcción de paz y fortalecimiento de lo público, y entendemos que este momento electoral será determinante para definir ese rumbo”.

El colectivo Macondo
“Macondo surge de una necesidad compartida entre muchas personas colombianas que vivimos en La Plata: de encontrarnos, de construir comunidad y de mantener vivos esos lazos culturales, afectivos y políticos que nos conectan con nuestro país”, explica Camila.
Muchas de las personas que integran el colectivo son madres, padres, artistas, educadores y trabajadores de la cultura, relata. “Empezamos a preguntarnos cómo transmitirles a nuestras infancias esas historias, esas músicas, esos sabores, esas formas de entender la vida que forman parte de quienes somos”.
Aunque lleva mucho tiempo trabajando, la asociación comenzó a consolidarse como tal casi en simultáneo con la planificación de la caravana. “Elegimos llamarnos Macondo porque es una imagen muy poderosa para nuestra memoria cultural. Nos habla de Colombia, de nuestras raíces, de la imaginación, de la resistencia y también de la posibilidad de construir otros futuros”.
Sobre la base de ese universo creado por Gabriel García Márquez el espacio que funciona en La Plata busca resignificar fiestas, lenguaje y expresiones culturales colombianas en territorio argentino.
“Nuestro trabajo está enfocado principalmente en las infancias, la cultura y el fortalecimiento comunitario. Organizamos talleres, encuentros culturales, actividades artísticas y espacios de intercambio que buscan acercar nuestras tradiciones a las nuevas generaciones”.
El trabajo se articula con otras colectividades latinoamericanas, “porque creemos que la cultura es una herramienta para construir vínculos, identidad y comunidad”, explica.
Camila concluye que Macondo, más que una organización cultural, es un espacio de encuentro, de cuidado y de construcción colectiva “para quienes habitamos la experiencia migrante”.
Una experiencia migrante que enriquece la cultura argentina a través de nuevas formas de celebrar y mirar el mundo.