Agustina Bordigoni
En el transporte hacía demasiado calor. Algunos bebés lloraban. Otros dormían. También había niños y adultos mayores. Ismael los observaba: uno por uno, rostro por rostro, llanto por llanto, ojo por ojo… aunque no fuera para vengarse de nada. Sentía que eso que estaba viviendo era una especie de venganza. Una venganza de la vida quién sabe por qué, a cargo de quién sabe quién, que lo llevaba a quién sabe dónde.
El limbo es, en la doctrina tradicional católica, el lugar al que irían las almas de quienes mueren sin el bautismo antes de tener uso de razón.
Ismael leía la definición de la Real Academia Española para ratificar si era correcto lo primero que se le vino a la cabeza cuando le informaron que lo trasladarían a un país todavía desconocido –que en algún momento tal vez podría ubicar en el mapa– en el que algunos gobiernos habían determinado que debía subsistir.
Se sentía como esos bebés a los que había escuchado unos minutos antes. Esperando un bautismo que no llegó: había pedido asilo en Grecia para, de alguna manera, renacer en ese país. Pero lo trataron como si fuera un bebé incapaz de hacer otra cosa que aceptar su destino y, en el mejor de los casos, gritar. Los más pequeños tenían al menos la posibilidad de trasladarse en brazos de su mamá. La suya había quedado lejos.
Despertaron con los sacudones del camino. Era de noche y esa noche era particularmente larga. O la paciencia muy corta. Ya había esperado demasiado.
Los gobiernos de Grecia, Alemania, Países Bajos, Austria y Dinamarca trabajan en la creación de “centros de retorno” para enviar a personas cuyas solicitudes de asilo sean rechazadas en sus territorios. Lo informó el ministro de Migración del primero de estos países, Thanos Plevris. Todavía no se sabe en qué lugar específico se ubicarán, pero, adelantaron, será “preferiblemente en África”.
Es precisamente Grecia uno de los principales puntos de entrada a la Unión Europea para quienes arriban desde Medio Oriente, África y Asia. “Logran llegar al país cada año, la gran mayoría a través de peligrosas vías marítimas, ya sea desde la costa turca hacia las islas griegas cercanas en el mar Egeo, o mediante una travesía mucho más larga por el Mediterráneo desde el norte de África hacia las islas griegas del sur, como Gavdos y Creta”, explica una nota de CNN en la que se reproduce el anuncio. También recuerda que Grecia está adoptando una postura cada vez más dura frente a la migración y que el país ha sido acusado de realizar “devoluciones en caliente”: esto es, la expulsión de los recién llegados incluso antes de que puedan solicitar asilo. En lo que va de 2026, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 870 personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo murieron o desaparecieron en alguna ruta migratoria hacia otro país (más de 600 intentando cruzar el Mediterráneo). Las cifras no son exactas porque se cuentan por cuerpos encontrados o por reportes de la cantidad aproximada de personas que viajaban en las embarcaciones que naufragaron.

Los solicitantes de asilo, según define la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), son personas que necesitan protección internacional. “Las guerras, las persecuciones y las violaciones a los derechos humanos las obligan a abandonar sus hogares”. Para escapar de la violencia o de las amenazas que ponen en riesgo su vida o su libertad “deben huir sin previo aviso, de un momento a otro, así que apenas llevan consigo las prendas que llevan puestas”. Cuando una persona presenta una solicitud de asilo –y mientras espera su resolución– “debe recibir protección”, aclaran en su página web.
El transporte se detuvo, otras personas ingresaron e Ismael cedió su lugar. La cantidad de horas que debería viajar parado también eran un misterio. La única certeza que tenía era que, de ahora en más, ya no podría disponer de prácticamente nada por su cuenta. Al menos los bebés podían tomar la determinación de quejarse con fuerza sin ser castigados, pensó.
Pronto serían como él. Un número sin nombre, sin rostro, sin llanto. Sin uso de razón.
¿Para qué la querrían?