Por Agustina Bordigoni
“Nos estamos preparando para una crisis humanitaria grave”, afirmó en una entrevista reciente Kelly Clements, Alta Comisionada adjunta de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en referencia a los ataques de los Estados Unidos e Israel a Irán y la respuesta de este último país que involucró a Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania, Irak e Israel. Pero al leer esta aseveración en voz alta se impone la pregunta: ¿Nos estamos preparando para otra crisis humanitaria grave? La misma funcionaria de Acnur explica que, desde la suspensión de los fondos para la asistencia humanitaria por parte del gobierno de Trump, tuvieron que recortar entre el 35% y el 40% de sus operaciones en Medio Oriente.
El organismo de la ONU emitió un comunicado expresando su preocupación por la escalada del conflicto y su impacto en los civiles, incluyendo un importante número de desplazados forzosos. El antecedente más cercano que mencionan analistas es el de la guerra en Siria, que provocó uno de los mayores éxodos recientes: ese país contaba con 22 millones de habitantes. Irán, con cerca de 90 millones. Entre ellos, 4 millones de personas refugiadas provenientes de países como Afganistán.
“Turquía, Azerbaiyán y Armenia están particularmente preocupados porque serían países de destino”, explican estos especialistas en una nota de France 24. El 67% de las personas refugiadas en el mundo se encuentra en naciones vecinas.
Detrás de todos estos números hay historias que se movilizan: algunas dejaron el territorio iraní hace mucho tiempo. “Una guerra nunca es una victoria, siempre es contra el pueblo y contra un país”, explicaba en una entrevista en Cadena Ser la artista Kimia Kamvari, exiliada desde 2015 en Gipuzkoa. Como muchas personas, Kimia tiene sentimientos encontrados, pero afirma que la caída del régimen ha sido arrebatada como un triunfo que debía haber sido de las movilizaciones sociales. “Hay gente que está de luto y gente que está de celebración”, algo que en realidad –según su opinión– no hará más que fragmentar a la sociedad iraní.
Esos reclamos legítimos fueron apropiados por fuerzas externas que compartían con las manifestaciones locales la intención de terminar con el régimen, pero hasta ahí las coincidencias. De esto quedará un gobierno caído y un pueblo devastado que muy probablemente las fuerzas externas no estarán dispuestas a reconstruir o liberar –ni a recibir si deciden cruzar fronteras–.
En su cuenta de X, la escritora y activista iraní Sheema Kalbasi relata un momento traumático de su infancia y celebra con él la caída de Alí Jamenei. Antes de todo este desenlace y fijado en su perfil aparece publicado, el 2 de febrero, un poema sobre los años en los que las movilizaciones sociales todavía eran protagonistas y tenían chance de cambiar las cosas. Se llama “La no identificada”, y dice más o menos lo siguiente:
Te escribieron en números.
Entre la aritmética del terror,
donde los cuerpos se vuelven estadísticas
después de la masacre.
Quizás eras estudiante.
Quizás poeta.
Quizás alguien que amaba
y confiaba en las mañanas.
Quizás alguien que creía en el regreso.
Pero la tierra guarda mejores registros.
Cada hueso recuerda.
Cada costilla da testimonio.
Escucha.
Sigues siendo la herida abierta de una nación.
Te llevamos en la garganta,
en frases inconclusas,
en el silencio después de los titulares.
Y cuando el futuro pregunte
dónde estábamos
mientras la noche consumía las estrellas,
responderemos:
estábamos memorizando a los muertos,
aprendiendo sus nombres
a partir de números.