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Ministerio sin Fronteras: un espacio de creación artística para contar las migraciones

Tres artistas migrantes se conocieron en Brasil en 2018 e iniciaron otro camino juntos: el de la creación de obras de teatro y material audiovisual para contar, a través de sus historias, las de muchas otras personas. En mayo estrenan “CASA”, una pieza que transcurre en un aeropuerto: un espacio de tránsito, espera y desarraigo, en el que pasado y presente se superponen.

Agustina Bordigoni

Abel García (Venezuela), Marian del Castillo (Panamá) y María Brighenti (Argentina) se conocieron en São Paulo, Brasil, en 2018. De ese encuentro surgió “Ministerio sin Fronteras”, una plataforma creativa que trabaja en Brasil y Argentina y que, entre otras cosas, produce y lleva obras de teatro relacionadas con la migración a ambos países. Para mayo de este año planean una nueva presentación en Buenos Aires y, también en 2026, su primera visita como colectivo a España.

“Nos conocimos en distintos ámbitos de formación y trabajo: la escuela de dirección, el circo y la docencia, pero rápidamente entendimos que lo que nos unía no era solo lo artístico, sino una experiencia vital compartida: la migración”, cuenta Brighenti a Aldea Global.

“Cada uno venía de recorridos muy distintos, tanto geográficos como disciplinares: Abel desde el teatro y el cine, Marian desde el diseño escenográfico y el circo, y yo desde el circo y la dirección. Esa diversidad, lejos de fragmentarnos, se convirtió en el motor del proyecto”. Desde los primeros encuentros, explica Brighenti, “comenzaron a aparecer, casi inevitablemente, conversaciones sobre nuestras lenguas, nuestras formas de habitar, los choques culturales, las burocracias y los afectos desplazados, así como también las diferencias que traíamos desde nuestros distintos campos dentro del arte. Había algo muy concreto y, al mismo tiempo, profundamente poético en esa experiencia compartida de estar ‘fuera de lugar’ y, a la vez, construyendo uno nuevo”, agrega.

“Empezamos con pruebas, pequeñas escenas, investigaciones abiertas, convocando a otras personas migrantes y generando espacios de cruce. Así surgió también nuestro workshop de La Plástica Escénica, que sigue siendo un eje fundamental: un espacio donde se encuentran distintas disciplinas, territorios y biografías, y donde la creación aparece como resultado de ese intercambio”.

Lo que nació de la necesidad de narrar la migración desde el teatro fue mutando y creciendo hasta convertirse, describe, en una plataforma de creación e investigación que trabaja la migración no solamente como tema, sino también como práctica. Como “una forma de construir, de vincularse y de pensar la escena”, resume.

Muchas veces nos pasaba eso de estar en otro lugar y, en ciertos momentos, sentirnos desplazados, descolocados, por ser migrantes. Yo soy migrante, desde los cinco años que no vuelvo a mi tierra natal, y siento que me fui moldeando con cada país en el que viví. Todo eso me fue transformando en lo que soy hoy. Y necesitaba poder poner eso afuera, darle una forma.
En Ministerio nos encontramos con personas que migraron y que sienten esa necesidad de expresarse, independientemente del idioma. El mensaje puede ser en portugués, en español o en lo que sea, pero lo importante es que se diga. Queríamos mostrar eso: la incomodidad, la alegría, todo lo que implica migrar.

Marian del Castillo, integrante de Ministerio sin Fronteras

Cada obra supone un proceso previo y una convocatoria de personas interesadas, que en algunos casos son participantes de los mismos encuentros que organizan. “Sigue siendo un proyecto en movimiento, que se expande con cada territorio, cada colaboración y cada nueva historia que se incorpora”.

Los fundadores, todos migrantes y artistas, no se habían planteado hasta entonces el tema de la migración como punto de partida para sus respectivos trabajos. “Surgió de forma muy orgánica a partir de nuestras propias vivencias. La migración no era una idea, era una condición compartida que atravesaba nuestras vidas cotidianas y, por lo tanto, nuestra forma de crear”, afirma Brighenti.

“Con el tiempo, y especialmente después de la pandemia, el proyecto se transformó. Yo regresé a Buenos Aires, mi ciudad de origen, pero decidimos continuar trabajando juntes. En ese momento apareció con más fuerza una idea que hoy es central para el colectivo: no solo las personas migran, también migran las obras, los lenguajes y las formas de producción. Nos interesa que el propio trabajo pueda desplazarse, cruzar fronteras y adaptarse a distintos territorios”.

Estar en Ministerio sin Fronteras no es solamente hacer teatro: es ocupar una trinchera. Una trinchera sensible, viva, donde el cuerpo, la voz y la memoria se vuelven herramientas de resistencia y lucha.
Ministerio sin Fronteras nace desde ahí. Desde la necesidad urgente de decir lo que muchas veces se silencia. De poner luz sobre esas zonas invisibles donde habitan los migrantes: las nostalgias, las violencias sutiles, las ausencias, pero también la potencia, la dignidad y la reconstrucción constante de identidad.
A mí me atraviesa profundamente porque soy parte de ese mapa. Habitar este colectivo es también reconocernos en los márgenes, y desde ese lugar construir un centro nuevo, más humano, más inclusivo. No venimos a pedir lugar: venimos a crearlo.

Angélica Montilla, integrante de Ministerio sin Fronteras

Hoy, si bien no todas las personas integrantes del proyecto son migrantes, comparten el interés y la sensibilidad por el tema. “Entendemos que no es necesario irse del propio país para experimentar la alteridad. La riqueza del cruce cultural puede darse en cualquier territorio, en el encuentro con otres. Y son justamente esas personas, las curiosas, permeables y dispuestas a dejarse afectar, las que se van sumando al proyecto”, afirma Brighenti.

El proyecto es pensado como una comunidad que, como la migración, supone movimiento. Cuenta con una red de colaboradores en cada país. “Hace más de seis años que tenemos un día fijo de trabajo virtual semanal. En esos encuentros, lo primero que hacemos es compartir lo que nos está atravesando: noticias, poemas, imágenes, audios familiares, experiencias personales. Todo lo que sucede, en lo íntimo y en lo social, se vuelve material. A partir de ahí, organizamos el trabajo según la etapa del proceso en la que estemos”.

“El trabajo con lo audiovisual, por ejemplo, ha sido muy importante en las últimas obras, incluyendo el desarrollo del minidocumental No tengo país, tengo gente.

O Ministério sem fronteiras é um Grito através da arte evidenciando situações delicadas para aqueles que chegam em outro país.

Junior Eliseo, integrante de Ministerio sin Fronteras

Una red de artistas migrantes

La colaboración entre artistas migrantes, que surgió de manera natural, se está transformando en una red a través de un sitio digital que planea sistematizar esa lógica, explica Brighenti. “La red que estamos desarrollando surge, en realidad, de algo que ya veníamos haciendo de manera informal desde hace años: sostenernos entre artistas migrantes, compartir información, abrir puertas y acompañar los procesos de llegada a nuevos territorios. Lo que hoy estamos construyendo es la posibilidad de escalar esa práctica y convertirla en una herramienta accesible”.

El objetivo es que cualquier artista migrante o persona interesada en el cruce cultural pueda acceder a contactos, oportunidades, espacios de trabajo y comunidades en distintos países.

Ministerio sin fronteras es un lugar donde encontré personas que se hacen las mismas preguntas que yo. No es un espacio para encontrar respuestas, sino para habitar esas preguntas, profundizarlas y compartirlas desde la experiencia de ser migrante.
Es, de algún modo, una burbuja de confort dentro de lo incómodo. Un espacio donde lo incierto no se resuelve, pero se sostiene en conjunto.
Hoy lo siento como un refugio. Como una casa construida desde la mirada migrante.

Diego Martínez, integrante de Ministerio sin Fronteras

La nueva propuesta teatral que llega a la Argentina en mayo

“CASA sucede en un aeropuerto, durante una conexión que parece no tener fin. En ese limbo entre vuelos y fronteras, un hombre enfrenta procedimientos burocráticos absurdos. En medio de esa situación, recibe una noticia desestabilizadora, que se suma a la noticia sobre la inminente demolición de su barrio. El aeropuerto, espacio de tránsito, espera y desarraigo, se transforma en una geografía emocional donde pasado y presente se superponen”, explica la página web de Ministerio sin Fronteras sobre lo que será la presentación prevista para mayo, y la última pieza de lo que Brighenti define como una trilogía.

Para mí colectivo es sinónimo de hermandad, confianza, compromiso… saber que en los que te rodean se encuentra la respuesta a muchas inquietudes.  Un colectivo, sobre todo un colectivo de artistas, es un espacio donde la libertad se encuentra con el respeto a las ideas, donde entendemos que el conjunto hace crecer todo. El colectivo es teatro, es casa, es un lugar donde podemos entender que se puede ser mejor cuando aceptamos que solos no hacemos nada.

Abel García, integrante de Ministerio sin Fronteras

La primera obra, Después de que llegó, fue realizada en Brasil, marcando el inicio del proyecto en ese territorio. Luego desarrollamos MALA, que tuvo presentaciones tanto en São Paulo como en Buenos Aires, consolidando el trabajo en ambos países y ampliando el equipo”, cuenta Brighenti.

La primera de estas obras (Después de que llegó) explora las diferentes situaciones que vive una persona migrante luego de instalarse en un nuevo lugar. “La resignificación de la identidad, la soledad, la burocracia, la xenofobia y la imposibilidad de regresar al propio país son temas centrales de la experiencia”, resaltan.

En MALA, la reflexión gira en torno al peso simbólico y afectivo que la persona migrante lleva consigo al atravesar fronteras y de cómo esos objetos moldearán de alguna manera su relación con el presente y con el sitio de acogida.

CASA se estrenará en mayo en Buenos Aires, en espacios como el Teatro Corrientes Azul y el Belisario Club de Cultura. “En paralelo, presentaremos una performance para infancias en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, titulada Migrantes, que continúa expandiendo nuestra investigación hacia nuevos públicos”, dice Brighenti.

“La misma obra CASA, hacia finales de mayo y durante junio, realizará temporada en São Paulo, en el Teatro Artur de Azevedo, en la SP Escola de Teatro, que fue nuestra casa de estudios, y en el Museo de la Migración, espacio que nos aloja este año para esta creación”.

De alguna manera, CASA vuelve al origen, al punto de partida: un aeropuerto, el paso previo a llegar (Después de que llegó) y anterior a la reflexión sobre el papel que cumplen los objetos como medio para adaptarse a la nueva vida (MALA).