Agustina Bordigoni
Una tragedia silenciosa. Así resumía una de las 35 propuestas que se presentaron a las elecciones presidenciales en Perú el aumento de la emigración de personas de entre 15 y 49 años durante la última década. Una tragedia, una pérdida de mano de obra, una fuga de cerebros, y una preocupación histórica de los países que atraviesan situaciones de crisis económicas, políticas o climáticas que obligan a las personas a emigrar. Paradójicamente, esos cerebros (también jóvenes y en edad de trabajar, en su mayoría) son presentados en los países de destino como un factor que aumenta la delincuencia o –en el mejor de los casos– una carga para los servicios públicos. Cerebros de un lado de la frontera, “delincuentes” del otro.
Cuando los procesos electorales se aproximan lo habitual es poner el énfasis en las propuestas sobre las personas migrantes que llegan a un país, pero poco se habla de la preocupación que genera el éxodo de la población. Y, en el caso de Perú, el tema fue recurrente en los proyectos escritos que pudo verificar Aldea Global.
Según las últimas estimaciones oficiales, casi el 11% de la población peruana se encuentra viviendo fuera del territorio: 3,7 millones de personas. La Superintendencia Nacional de Migraciones informó además que entre 2020 y 2024 emigraron del país 842.545, y que el 68,7% del total eran personas jóvenes y en edad de trabajar: de entre 15 y 49 años.
Las promesas del candidato Roberto Chiabra, de la Alianza Unidad Nacional, son una muestra de la dicotomía señalada más arriba. El escrito se refiere a la migración en términos de control y propone reforzar las fronteras “para evitar que continúen ingresando migrantes ilegales y criminales”. Por otro lado, manifiesta la preocupación por el hecho de que el 76% de los jóvenes afirma que emigraría si tuviera la oportunidad.
El partido Salvemos a Perú comparte las mismas premisas: enfatiza en la necesidad de reforzar la seguridad y racionalizar la admisión de migrantes mediante el establecimiento de cuotas, a la vez que entiende que la partida de los jóvenes es “un desafío estructural para el futuro nacional”.
Agrupaciones con otra orientación ideológica, como la Alianza Electoral Venceremos entienden a la migración como un derecho y plantean el impulso a la regularización, la certificación laboral y el acceso a la educación como garantías necesarias. En relación a los peruanos en el exterior la propuesta gira en torno a fortalecer la presencia de Estado peruano en aquellos países con mayor cantidad de población migrante.

Un discurso encendido sin propuestas
Fuerza Popular, el espacio que representa Keiko Fujimori, plantea la creación de incentivos para el emprendimiento juvenil de manera de “reducir la migración, propiciando que los jóvenes encuentren oportunidades reales de desarrollo económico en el país y en su región”. El documento no dice nada en concreto sobre una de las promesas que Fujimori sí hizo en los medios: el envío de las Fuerzas Armadas para cerrar la frontera y la organización de redadas a lo Donald Trump.
«Vamos a expulsar a los extranjeros antes del 28 de julio de este año», afirmó por López Aliaga, del partido Renovación Popular, que obtuvo uno de los primeros lugares en la primera vuelta. Durante su intervención en el debate presidencial indicó que los “ilegales”, como los llamó, “tienen un corto plazo para volver a su Venezuela querida».
El documento con las metas de gobierno que elaboró su partido no dice lo mismo. “Promoveremos que los extranjeros en situación irregular y que no tengan antecedentes policiales y/o judiciales en su país de origen y/o en el Perú obtengan una calidad migratoria que les permita contribuir de manera económica al país, para lo cual se eliminarán los trámites burocráticos establecidos en la norma”, puede leerse allí.
La pregunta es, entonces, por qué mientras la mayoría de los partidos manifestó una inquietud casi unánime por el aumento de la emigración de los jóvenes y no así por la migración internacional, el tema destacado en los medios de comunicación es el del endurecimiento de las políticas contra los extranjeros.
Más allá de las ideas que encuentren más adeptos en tiempos electorales, la respuesta puede estar en la capacidad de cumplir con la palabra dicha (y no empeñada): cerrar las fronteras es relativamente fácil y comprobable. Mejorar las condiciones de vida para evitar la emigración lleva su tiempo, y tal vez no sea tan sencillo.