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Entre el lienzo y la pantalla: La justicia visual en ‘Estética de la Inclusión’

La publicista y directora creativa colombiana Caren Irana Trujillo ha publicado un libro en Nueva York sobre arte y publicidad y su impacto en la construcción visual de lo que la sociedad misma ha rechazado. Una propuesta interesante donde se debate hasta qué punto lo marginal se construye también estéticamente.

Por Tiago Ramírez Baquero

La saturación de estímulos visuales, el consumo efímero y casi que amnésico de los contenidos de redes sociales, han construido una sociedad cuya era se ha erigido en la imagen. Fuera de ser un adorno o algo inofensivo, las imágenes que día a día nos interpelan son ahora el principal territorio de disputa política y cultural. ¿Puede una valla publicitaria o un mural en la periferia urbana volver a construir los vínculos sociales y colectivos degradados por décadas de inequidad? A esta pregunta crucial responde la publicista y directora creativa Caren Irana Trujillo Collazos en su obra Estética de la Inclusión, un estudio que pone lupa sobre el poder restaurador —y los profundos riesgos éticos— del arte comunitario y la publicidad contemporánea.

La tesis central de Trujillo Collazos en su libro Estética de la Inclusión: El impacto del arte y la publicidad en la restauración de la sociedad marginal (2026) parte de un diagnóstico rotundo: la marginalidad no es una condición natural ni un destino geográfico, sino una arquitectura simbólica y discursiva. Respaldada en el pensamiento de teóricos como Pierre Bourdieu, Roland Barthes y Walter Benjamin, la autora demuestra cómo la exclusión opera en las imágenes mediante mecanismos sutiles: exotizar o apologizar la criminalización, reducciones culturales que conllevan a prejuicios.

Caren Irana Trujillo es una creativa colombiana que además ha tenido una variada experiencia que ha nutrido su criterio y la forma en la que entiende la representación de las identidades de las personas. Ha hecho dirección creativa, comunicación visual, y ha trabajado en proyectos con músicos, marcas y diseñadores. Ahora espera seguir abriendo el debate desde su residencia en Estados Unidos, donde espera que su obra pueda seguir ampliando su impacto.

Desde su residencia en Nueva York, Caren Irana Trujillo busca ampliar el alcance de su propuesta hacia el contexto estadounidense, una sociedad caracterizada por su diversidad cultural y por los constantes debates sobre representación, identidad e inclusión. Su Modelo de Comunicación Restauradora plantea herramientas que podrían contribuir a transformar la manera en que las marcas, las instituciones culturales y los profesionales de la comunicación representan a comunidades históricamente marginadas, incluidas las poblaciones migrantes. Más allá de una reflexión teórica, su propuesta invita a repensar el papel de la publicidad y la dirección creativa en la construcción de narrativas más responsables, participativas y socialmente significativas.

Es precisamente esa trayectoria la que ha hecho que Trujillo Collazos se adentre en la publicidad y el arte para entender cómo estas dos industrias no solo se dedican a vender un producto, sino que directamente nos hablan de formas de ver el mundo a través de la mirada de los otros. Ahora con el libro parte de una observación crítica.

“Despojar a un grupo humano de su derecho a una imagen compleja y digna constituye una forma primaria de violencia”, dice. Por eso habla la autora de una sociedad que está fracturada: una desconexión entre lo que como sociedad se cree que es y la representación que se da de esa misma sociedad.

El gran mérito conceptual del libro radica en situar frente a frente a dos lenguajes visuales con orígenes opuestos: el arte, concebido históricamente como espacio de resistencia y memoria, y la publicidad, nacida como motor de persuasión comercial. Lejos de reducir el análisis a una condena maniquea del mercado o a una idealización romántica del activismo, la investigación rastrea sus porosidades. En el marco del «capitalismo estético» (Lipovetsky) y del marketing de propósito, campañas de marcas mundiales como Dove, Nike o Always han llevado causas de género y diversidad al debate masivo; sin embargo, apoyándose en las reflexiones de Naomi Klein (No Logo) y Jean Baudrillard, Trujillo advierte que el lavado de marca a partir de movimientos sociales y la estetización del dolor (miserabilismo) convierten la causa ética en un adorno comercial vacuo si no existen cambios estructurales e impacto real.

Para trascender la simulación, la autora formula en su Modelo de Comunicación Restauradora, una propuesta metodológica estructurada en cinco principios éticos innegociables: reconocimiento de la dignidad, coautoría cultural, memoria y contexto, responsabilidad estética e impacto con retorno comunitario. A través de este marco, el libro clasifica las prácticas comunicativas en cuatro niveles que van desde la inclusión decorativa hasta la inclusión restauradora, donde la comunidad deja de ser un objeto representado para convertirse en sujeto creador y coautor de su propia historia.

Esta fundamentación se encarna en una investigación práctica sobre la exclusión y en el análisis de casos emblemáticos: los murales del colectivo Boa Mistura, las intervenciones del Favela Painting Project en Río o PromPerú. Todos ellos confirman que la verdadera restauración exige pasar del paternalismo a la gobernanza compartida del relato visual.

Estética de la Inclusión es una brújula ética indispensable para comunicadores, creativos, gestores culturales y ejecutivos de marca. Trujillo Collazos nos recuerda que en el siglo XXI mirar no es un acto neutro, sino un gesto político: restaurar a una sociedad fracturada exige, antes que nada, aprender a representar y mirar con justicia.

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