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Viajó con su familia desde Montenegro, se enamoró de un argentino y se quedó

Djina llegó al país después de terminar la secundaria y en plena pandemia. Empezó a estudiar en la Universidad Nacional de las Artes, pero su familia volvió a Montenegro en 2023. Ella, en cambio, encontró en Argentina su lugar en el mundo.

Agustina Bordigoni

Dijna Bojanic tiene 24 años y hace cinco vive en Argentina. Llegó con su familia desde Podgorica, la capital de Montenegro, en plena pandemia. Hija de un diplomático que vino en misión al país, sus recuerdos de los primeros días no fueron los más memorables: en ese entonces regía la cuarentena preventiva y obligatoria de catorce días para los pasajeros que arribaban desde el exterior. Pero todo cambió después: en 2023 su familia regresó a Montenegro y ella decidió quedarse. Había empezado a estudiar Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes y, en un viaje a Entre Ríos, conoció a su actual pareja. Se enamoró de un argentino –y de los argentinos–.“Yo me quedé acá, primero, porque no terminé los estudios y, segundo, porque me enamoré. Estoy saliendo con un chico argentino, estamos conviviendo. Y yo me veo acá. Este es mi lugar de vida”, comenta.

“Cuando terminé la secundaria tenía que elegir dónde iba a seguir mis estudios, en qué universidad. Podría estar en los Balcanes, en Montenegro, en Serbia, en Croacia, anotarme allá en la Universidad de Artes allá. O también existía esa oportunidad de venir acá, que a mí me llamó mucho más la atención porque yo quería aprender español”, cuenta.

Una de las últimas fotos de Djina con sus compañeros de secundaria en Montenegro. Foto: gentileza.

El primer año de la universidad (2021) fue online. La virtualidad complicó el objetivo de aprender el idioma. En las clases no intervenía: con la cámara y el micrófono apagados intentaba registrar algo de lo que decían los docentes. “Fue muy difícil. Específicamente el español de acá, de Argentina, es muy difícil. Primero que nada, por la pronunciación. Y después, ustedes tienen una palabra que significa muchas cosas”, explica. “Entonces, por ejemplo, yo aprendí la palabra banco (como entidad), y entonces un día saliendo con una amiga ella me dice: ‘bancame’. Y yo: ‘¿qué?’”. Cosas como esas fueron las más comunes.

Las primeras conversaciones en español fueron a través del traductor de WhatsApp. Si alguien le enviaba un mensaje lo traducía, escribía una respuesta que volvía a pasar por el traductor y lo enviaba. Hasta que llegó un mensaje de voz de una de sus primeras amigas, Candelaria: una compañera de la universidad a la que conocía desde la virtualidad y que hasta ese momento no sabía que Djina era extranjera. “Mis primeros amigos acá en la Argentina, la mayoría, hablaban inglés”. Comenzó a comunicarse en español cuando, agrega, “ya no me preocupaba tanto si estaba hablando gramaticalmente bien”.

El idioma fue lo que más le costó. No así hablarlo una vez aprendido. “A lo que me acostumbré mucho más fácil es a que ustedes hablan mucho. Eso me encanta porque a mí también me gusta hablar”, destaca. “Me enamoré de Argentina, de todo. Yo amo todo en Argentina, y de verdad siento que es mi segunda tierra”.

-También te enamoraste de un argentino, ¿cómo lo conociste?

Eso fue loco. Yo tengo una amiga cuyo papá es de Croacia y la mamá de Entre Ríos, de un pueblo que se llama Santa Elena. Ella me invitó para ir a conocer Entre Ríos en febrero. Me dijo que los carnavales de Entre Ríos son los mejores de todo el país. Y yo  dije que sí, enamorada del país quería recorrer todo. Nos conocimos en la tribuna, estaba sentado al lado mío. Vio que yo era extranjera y le interesó, empezamos a hablar y así, en la tribuna, nos conocimos. Yo volví a Buenos Aires y seguimos conversando por Instagram. Después él vino acá, se mudó por estudios y de ahí no nos separamos nunca más.

-No es común la migración reciente de Montenegro hacia Argentina, ¿cuál es la reacción de los argentinos cuando les decís que sos de allá? ¿Qué sabemos los argentinos sobre Montenegro?

Eso depende mucho de la generación. Los más ancianos cuando yo les digo Montenegro me preguntan: ¿Yugoslavia? Yo les digo que sí, que éramos parte de Yugoslavia, que nos independizamos, y ellos contestan: “Ah, sí, yo, tenía un compañero de trabajo que era de Yugoslavia”. Ahora, la generación de 50 años, por ahí, te van a conocer más por Serbia y Montenegro y te dicen cosas como “Ah, Serbia y Montenegro, no sabía que se separaron”. Los más jóvenes no saben mucho y yo les cuento que está cerca de Serbia, de Croacia, y cuando les digo Croacia responden: “Ah, sí, sí, Luka Modrić”, por el jugador de fútbol.

-¿Y a los argentinos, cómo nos definirías?

Ay, locos, son locos. Si el alma tuviera un color, la energía de ustedes sería roja. Ustedes son muy warm, cálidos. No me conocen y van a hablar conmigo igual. Yo nunca siento vergüenza acá, siempre me siento bienvenida, nunca sentí que alguien me señalara por ser extranjera. Yo a ustedes los definiría como gente buena. Me parece que no conocí a una persona mala en Argentina hasta hoy. Todos con diferentes opiniones, pero todos sentados en la misma mesa tomando mate, charlando. Yo estoy re enamorada de ustedes, de verdad, me encanta, me encanta todo.

Argentina me ayudó muchísimo, estoy muy agradecida por la persona en la que me convertí acá. Feliz con la persona que soy gracias a la Argentina.

Djina en la fiesta de las colectividades en Buenos Aires. Foto: Aldea Global.