Por Agustina Bordigoni
¿Quién sos?
La pregunta incomoda a estas mujeres a las que todos conocen –o deberían conocer–. Sus miradas y sus gestos son calmos, pausados y silenciosos. Quizás porque la bondad rara vez se presenta haciendo ruido. Aunque en el documental claramente se ve quiénes son, ellas no están seguras sobre lo que deberían responder.
“Llévate mis amores” muestra la rutina de “Las Patronas”, un grupo de mujeres de la localidad de La Patrona (Guadalupe) ubicada en el estado de Veracruz, México, que desde hace 30 años ofrece comida –y, como puede verse en el film, mucho más que eso– a migrantes que viajan a pie o a bordo del tren de carga conocido como “La bestia”.
“Un día como hoy, pero de 1995, dos de nuestras hermanas se dispusieron a comprar unas piezas de pan y leche para el desayuno. Al volver las detuvo el paso del tren, el cual cargaba entre sus vagones personas con hambre y sed. ‘¡Madre! ¡Tenemos hambre! ¡Regálanos tu pan!’ Nunca imaginamos todo lo que se desencadenaría a partir de ese momento”, cuentan en su página oficial.
Las dos hermanas de las que habla el relato son hijas de Leonila Vázquez Alvízar (conocida como doña Leo), que falleció en abril de 2025.
Nuestra misión continúa, siempre al pendiente junto a las vías…#LasPatronas#LasPatronasDeVeracruz#PatronaBerna#PatronaJulia#EnNuestraMesaNoExistenLasFronteras pic.twitter.com/mHlkCPIhs8
— Las Patronas (@LasPatronas_dh) July 7, 2025
“Nos dimos cuenta de que cuando ayudamos al hermano y hermana migrante no lo ayudamos a él o a ella, sino que ellos nos ayudan a nosotras, porque nos hacen ser conscientes de la realidad y nos enseñan a valorar lo que tenemos”, prosigue la presentación.
“Gracias a ellos se nos ha reconocido y hemos llegado a lugares a los que nunca imaginamos llegar; aprendimos a defender y a defendernos, comprendimos que como mujeres también somos capaces de liderar grandes proyectos”.
El proyecto creció desde esos primeros panes hasta los cientos de raciones y botellas de agua que llegan a entregar por día. Para eso cuentan con el apoyo de parte de la comunidad: universidades y particulares donan pan, frijoles, aceite, ropa y bolsas de plástico.
Su trabajo demanda curar todo tipo de heridas y propiciar encuentros: elaboraron un registro de quienes pasan por allí para ayudar eventualmente a las decenas de madres que recorren la región buscando a sus hijos desaparecidos.
A Las Patronas les faltan palabras para describirse, pero para contar por qué hacen lo que hacen les sobra claridad.
“Alguien me preguntó: ‘¿Tú crees que vas a cambiar el mundo con esto?’.
No, no voy a cambiar el mundo. Voy a cambiar yo”.